La enfermedad señala, es un síntoma de que algo está sucediendo y está alterando nuestro equilibrio.

El no querer ver lo que nos está pasando, dar la espalda al problema es un intento que parte de la idea mágica de que si no veo algo entonces eso no existe. Y es así como muchas personas niegan las dificultades y viven en un mundo de ilusión para evitar tomar contacto con el dolor.

La negación no ocurre solamente a nivel personal sino que parte muchas veces de un estilo de comportamiento familiar.

En muchos sistemas familiares se ha negado la pertenencia a algún miembro de la familia, excluyéndolo por algún motivo (loco, pobre, diferente, no adaptado, etc.). Esta exclusión está al servicio de la «homeostasis», es decir de la intención de mantener el statu quo. Bert Hellinger habla de la conciencia familiar como una fuerza que intenta mantener el equilibrio al precio que cueste. Aunque este precio sea excluir a algunos miembros del sistema y que enfermen otros que viene atrás. La negación está entonces ligada a lo que otrora fuera una exclusión familiar. No poder ver y reconocer a nivel personal las dificultades es estar en sintonía con la familia de origen que niega la pertenencia a aquellos que no concuerdan con las reglas aceptadas por el sistema familiar. La negación es de por si un estado fértil al surgimiento de la enfermedad.

Cuando indagamos tras los síntomas físicos o psíquicos nos encontramos con que la enfermedad busca hacer un lugar en la familia a aquella persona excluida del sistema. Cuanto más grave los síntomas, más graves los hechos que han llevado a negar la pertenencia a ese miembro de la familia. «La enfermedad mira a alguien de la familia», señala Hausner. El sentimiento de pertenencia está relacionado con el sentirnos integrados como personas. Al estar el sentido de identidad en juego, cuando una persona enferma, comienza una lucha de lealtades, una división. Sanar implica reconocer lo negado (lealtad con el excluido) y continuar enfermo implica tener la conciencia tranquila con la familia (lealtad al sistema familiar).

En mi experiencia con pacientes con enfermedades graves me he topado con esta contradicción interna que no da tregua a la persona que además de sufrir por la enfermedad y desear conscientemente la curación, siempre tiene un tironeo interior, un gran desorden interno que le impide tomar contacto con la fuerza de la vida. En las conversaciones no aparece casi la temática de la patología específica sino una profunda soledad y aislamiento, emociones relacionadas a la ambivalencia presente frente a la familia.

Es por esto que el camino de la sanación pasa por desanudar ese conflicto de lealtades, atravesando la culpa y transgrediendo las normas de la conciencia familiar para ir al encuentro de una integración que opere en una dimensión más allá de la conciencia del sistema y en sintonía con el alma de la familia. Reestablecer el orden en ese sistema no siempre significa que la persona se cure, ya que muchas veces su implicancia e identificación con el excluido es muy intensa, pero permite y habilita a su descendencia y a los otros miembros del sistema a llevar una vida libre de cargas y definitivamente con más posibilidades de tomar su propio destino.

Lic. en Psic. Ter. Gest. María Fernández